Transhouse, el escándalo 97

Era un viernes que fenecía las actividades laborales de Andrés Villadeluna y Galeana, flamante hijo del recién electo presidente de la república, quién apenas había culminado sus dubitables estudios como abogado en el ITAM. Aquél día que sumaría los 97 escandalos en la carrera política del próximo presidente de nuestro país, Don Manuel Villadeluna Ávila, (padre de Andrés) iniciaría con la visita del joven horóscopo de los desastres, al Estadio Universitario, lugar dónde su padre le había encomendado asistiera en su representación a efecto de presenciar un evento de beneficencia pública. Así, Villadeluna y Galeana arribó a las instalaciones de C. U. en punto de las 19:00 pasado meridiano, esto es, al inicio del segundo tiempo de aquél juego aburrido de soccer en el que los locales se enfrentaban a los gallos del descenso; sin embargo, la humanidad de Andrés, para ese entonces ya había recorrido enormes líneas de la mejor cocaína recién ingresada al país, así como unos buenos litros de alcohol. En fin... en lo que al caso atañe, el partido finalizó con un mediocre 0 a 0 entre aquéllos equipos, y Andrés bajo del palco familiar para hacerse presente en el centro del campo, lo anterior a efecto de recibir el premio que le sería entregado a su padre por tan sobresaliente apoyo a las mujeres indígenas maltratadas de Tuxtla Gutiérrez, Chiapas. Luego, el infante Galeana daría unas incoherentes palabras de "agradecimiento" a todos los presentes, en las que nadie se fijaría dada la demasía de apoyo y confianza a que había sido acreedor su padre en las pasadas elecciones presidenciales. Entre tanto, Villadeluna y Galeana, sería primario en abandonar el estadio universitario, ya sea por la violencia impuesta por los elementos del estado mayor que le escoltaban, ya por la pasividad de los aficionados al salir, ya por los juegos pirotécnicos que distraían a los presentes… Posteriormente, Andrés le pidió a Jacinto; aquél sexagenario que en la infancia de Villadeluna y Galeana, había sido desde su Mayordomo, amigo, confidente, padre, y que ahora era su chofer y jefe de seguridad, que lo llevara al sur de la ciudad, específicamente a San Jerónimo, lugar éste donde aquél tenía un penthouse con helipuerto; ahí, virtud del capricho de Andrés “Don Jacinto lo conduciría a la ciudad de San Luís Potosí, donde éste guardaba algunas degeneradas amistades.


Siendo las 11:48 de aquélla noche, y estando la luna llena a su máximo placer, arribarían a la casa de su primo Martín Villafranca Treviño, quién lo llevaría a un rave en el cerro de San Pedro, dónde más tarde, compartiría un ambiente terrenal del cual en su juicio, nunca habría sido partícipe.
Sin embargo, ese día Andrecito, como lo llamaba su madrastra, como si se tratara de cuidar o mejorar un record, llegaría a su escándalo 97 en los dos años en los cuales su padre había contendido en la carrera por la silla presidencial.
Lo anterior virtud a que, debido aquélla intoxicación que invadía sus neuronas, y despertaba en él cierto apetito sexual, determinó invitar a Martín a un lugar dónde ambos habían compartido tantas vivencias sexuales, denominado transhouse, y mejor conocido en la ciudad potosina como el lugar de depravación total, y que, en los periódicos locales aparecía como una “casa de masajes” misma que era operada ya por mujeres reales, ya por homosexuales, ya por transgenero…
Por tanto, conducidos en calidad de incógnitos al paraíso de la perdición, Andrés y Martín entraron a dicho lugar, dónde serían atendidos por Madame Touret, quien cual si se tratara de una carta, les ofrecería el mejor menú de esa noche, para posteriormente, cada uno de ellos, desfogar su placer ante quien hubiera resultado su elección.
Martín nunca se hubiera esperado que se quedaría dormido en el cuarto mientras su acompañante le obsequiaba sexo oral, y después lo despertaba para comentarle que aquél suceso había sido un éxito, pero que, sin embargo, su tiempo ya culminaba.
Por su parte, Andrés era víctima de una puta fastidiada quién además no había tenido un buen día, por tanto, con la práctica de un cotidiano sexo anal fenecería aquél instante de calentura del hijo del actual presidente de la república; así, aquél joven transexual con quién Villadeluna y Galeana había estado, saldría de la habitación que compartían para conducirse al sanitario.
Furioso Andrés a razón de la insatisfacción de la cual había sido protagonista, y ante la necesidad de una emoción que lo llenare de adrenalina, decidió hurtar la bolsa de su compañía; enseguida, se vistió y salió corriendo de la habitación para despertar a su primo, quién se encontraba medio dormido en la sala de estar de ese lugar.Así, se dirigían al carro de Martín, cuando un movimiento impresionante de la policía estatal, arribó a Transhouse, y para variar, en colmo de intimidación y golpes, esposaron a Andrés y su primo, acusándolos de un robo… el primero de ellos, hijo del hombre más poderoso del país, horas antes había extraviado a sus guaruras, por tanto, lo invadía la realidad de cualquier otro ciudadano, y a su padre, Don Manuel, el escandalo 97 en su sobresaliente carrera política, de aquél hijo que, 97 veces hubiera deseado no tener.
Sin embargo, ese día Andrecito, como lo llamaba su madrastra, como si se tratara de cuidar o mejorar un record, llegaría a su escándalo 97 en los dos años en los cuales su padre había contendido en la carrera por la silla presidencial.
Lo anterior virtud a que, debido aquélla intoxicación que invadía sus neuronas, y despertaba en él cierto apetito sexual, determinó invitar a Martín a un lugar dónde ambos habían compartido tantas vivencias sexuales, denominado transhouse, y mejor conocido en la ciudad potosina como el lugar de depravación total, y que, en los periódicos locales aparecía como una “casa de masajes” misma que era operada ya por mujeres reales, ya por homosexuales, ya por transgenero…
Por tanto, conducidos en calidad de incógnitos al paraíso de la perdición, Andrés y Martín entraron a dicho lugar, dónde serían atendidos por Madame Touret, quien cual si se tratara de una carta, les ofrecería el mejor menú de esa noche, para posteriormente, cada uno de ellos, desfogar su placer ante quien hubiera resultado su elección.
Martín nunca se hubiera esperado que se quedaría dormido en el cuarto mientras su acompañante le obsequiaba sexo oral, y después lo despertaba para comentarle que aquél suceso había sido un éxito, pero que, sin embargo, su tiempo ya culminaba.
Por su parte, Andrés era víctima de una puta fastidiada quién además no había tenido un buen día, por tanto, con la práctica de un cotidiano sexo anal fenecería aquél instante de calentura del hijo del actual presidente de la república; así, aquél joven transexual con quién Villadeluna y Galeana había estado, saldría de la habitación que compartían para conducirse al sanitario.
Furioso Andrés a razón de la insatisfacción de la cual había sido protagonista, y ante la necesidad de una emoción que lo llenare de adrenalina, decidió hurtar la bolsa de su compañía; enseguida, se vistió y salió corriendo de la habitación para despertar a su primo, quién se encontraba medio dormido en la sala de estar de ese lugar.Así, se dirigían al carro de Martín, cuando un movimiento impresionante de la policía estatal, arribó a Transhouse, y para variar, en colmo de intimidación y golpes, esposaron a Andrés y su primo, acusándolos de un robo… el primero de ellos, hijo del hombre más poderoso del país, horas antes había extraviado a sus guaruras, por tanto, lo invadía la realidad de cualquier otro ciudadano, y a su padre, Don Manuel, el escandalo 97 en su sobresaliente carrera política, de aquél hijo que, 97 veces hubiera deseado no tener.


3 Comments:
Jajaja, está bueno, sólo que te olvidaste de una cosa, Martín Villafranca Treviño, no es Martín, sino Marín.
Aparte ese es un lugar con las condiciones necesarias para el escándalo 97.
Me suena conocida la historia.
Le Conoces algo a alguien o lo dices al tanteo, jajaja, qué historia! no cabe duda que todos tienen y tenemos cola que nos pisen. Besos Disfraz!
Ave: Martín o Marín... es indistinto, lo importante era consolidar e integrar a los personajes al relato. y sí! son las condiciones propicias para el escándalo 97.
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Helen: eso es indudable, (que todos tienen y tenemos cola que nos pisen) y lo peor, es que dichos sucesos salen a la luz cuando su protagonista se encuentra x lo regular en la cumbre.
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