Historia de un asesino. (III)

A decir verdad, la idea de tomar café no resultaba la cita ideal para comenzar mi cortejo. Debo confesar que ese tipo de bebidas, nunca han sido toleradas por mi estómago; sin embargo, ello representaba una oportunidad para volver a encontrarme con Esperanza.
La semana previa al domingo y después de despedirnos, fue igual en tiempo que los veintitrés años que hasta ese día contaba en vida. Bien podría describirse como un binomio de sensaciones, era angustia recetada con ilusión; angustia, porqué no sabía si lo mucho o poco que yo representaba como persona, era suficiente para agradar a Esperanza, porque me invadía un bestial miedo de no ser capaz de sostener una conversación, de que el tema se acabara, de que mis movimientos fueran demasiados o muy reducidos para su gusto, de que mi modo de mirarla fuera muy intenso o desinteresado... e ilusión, virtud a lo que me facultaba lograr ser de su agrado, compartir una opinión, anhelar los mismos horizontes y, quizá, que se convirtiese en el amor de mi vida.
Quizá Esperanza ni siquiera tuviera en cuenta que habíamos quedado de vernos el domingo próximo, o quizá si... lo cierto es que cada uno de los días anteriores a la cita aparecía en mis sueños. El domingo que nos conocimos fue el único en que no pude cerrar los ojos.
Después de todo o después de nada -porque sin ella nada pasaba-, llegó el tan ansiado domingo, -debo mencionar que, más esperado que un domingo de misa para los católicos-; apenas el sol daba sus indicios de querer aparecer y yo, ya cuestionaba mi armario, ¿Qué era lo más apropiado para ver a Esperanza? ¿sport, formal, informal...?, ¿peinarme igual que siempre o correr el riesgo y hacerlo como nunca? ¿loción fresca o dulce?, determiné que era en demasía temprano para complicarme con ello; entonces, me dispuse a intentar una pequeña siesta, de aquéllas que no había tenido desde hace 144 horas.
Desconozco si fue la escabrosa pesadilla que se apoderó de mi, aunada al calor que uno tiene cuando mal sueña, o tal vez el propio inconsciente que me exigía encontrarme con mi destino, lo cierto es que de pronto desperté, desde luego apremiado por el tiempo, pues habían transcurrido unas diez horas desde el amanecer, por lo que, era cuestión de minutos para llegar a mi cita con Esperanza.
Consideró que la premura de las circunstancias, me bloqueó mentalmente, pues nunca he podido recordar lo que traía puesto, ni si me peiné distinto o igual, mucho menos la loción que elegí. Lo único que tengo presente es que, trayecto a mi cita, iba desconcertado, me aterraba la pesadilla que minutos atrás había tenido.
Alguien alguna vez me dijo que la cabeza de uno, después de soñar, se equipara a un recipiente con agua, es decir, apenas te mueves y las ideas que contienes, se mueven contigo. Así, yo tenía una preocupante y confusa idea de mi sueño; no lo recordaba a plenitud, pero lo que me angustiaba, era el hecho de ver sin vida a la mujer con la que minutos después me encontraría.
Recorridas unas veintisiete cuadras, mi humanidad se encontró entre la segunda esquina donde corta Universidad con Francisco I. Madero, para de pronto, olvidar aquella perturbante pesadilla que me arrebataba a Esperanza. he de confesar que al verla tan viva, sentí alivio.
La semana previa al domingo y después de despedirnos, fue igual en tiempo que los veintitrés años que hasta ese día contaba en vida. Bien podría describirse como un binomio de sensaciones, era angustia recetada con ilusión; angustia, porqué no sabía si lo mucho o poco que yo representaba como persona, era suficiente para agradar a Esperanza, porque me invadía un bestial miedo de no ser capaz de sostener una conversación, de que el tema se acabara, de que mis movimientos fueran demasiados o muy reducidos para su gusto, de que mi modo de mirarla fuera muy intenso o desinteresado... e ilusión, virtud a lo que me facultaba lograr ser de su agrado, compartir una opinión, anhelar los mismos horizontes y, quizá, que se convirtiese en el amor de mi vida.
Quizá Esperanza ni siquiera tuviera en cuenta que habíamos quedado de vernos el domingo próximo, o quizá si... lo cierto es que cada uno de los días anteriores a la cita aparecía en mis sueños. El domingo que nos conocimos fue el único en que no pude cerrar los ojos.
Después de todo o después de nada -porque sin ella nada pasaba-, llegó el tan ansiado domingo, -debo mencionar que, más esperado que un domingo de misa para los católicos-; apenas el sol daba sus indicios de querer aparecer y yo, ya cuestionaba mi armario, ¿Qué era lo más apropiado para ver a Esperanza? ¿sport, formal, informal...?, ¿peinarme igual que siempre o correr el riesgo y hacerlo como nunca? ¿loción fresca o dulce?, determiné que era en demasía temprano para complicarme con ello; entonces, me dispuse a intentar una pequeña siesta, de aquéllas que no había tenido desde hace 144 horas.
Desconozco si fue la escabrosa pesadilla que se apoderó de mi, aunada al calor que uno tiene cuando mal sueña, o tal vez el propio inconsciente que me exigía encontrarme con mi destino, lo cierto es que de pronto desperté, desde luego apremiado por el tiempo, pues habían transcurrido unas diez horas desde el amanecer, por lo que, era cuestión de minutos para llegar a mi cita con Esperanza.
Consideró que la premura de las circunstancias, me bloqueó mentalmente, pues nunca he podido recordar lo que traía puesto, ni si me peiné distinto o igual, mucho menos la loción que elegí. Lo único que tengo presente es que, trayecto a mi cita, iba desconcertado, me aterraba la pesadilla que minutos atrás había tenido.
Alguien alguna vez me dijo que la cabeza de uno, después de soñar, se equipara a un recipiente con agua, es decir, apenas te mueves y las ideas que contienes, se mueven contigo. Así, yo tenía una preocupante y confusa idea de mi sueño; no lo recordaba a plenitud, pero lo que me angustiaba, era el hecho de ver sin vida a la mujer con la que minutos después me encontraría.
Recorridas unas veintisiete cuadras, mi humanidad se encontró entre la segunda esquina donde corta Universidad con Francisco I. Madero, para de pronto, olvidar aquella perturbante pesadilla que me arrebataba a Esperanza. he de confesar que al verla tan viva, sentí alivio.
Etiquetas: Novelas


14 Comments:
Y luego que más? =/
Diablos hombre, cuántas partes tiene esto? jajajajaja... no creas que soy desesperada pero 8-)...
saluditos!
Ahhhhhh... porque???
porque??'
Quiero mas, quiero mas...
La pesadilla me intriga
ahh
Saludos
Nos leemos pronto
Sheet! cada vez me dejas con mas ganas de esta historia...espero que no vayamos en la parte 3/1258 ehhhh si no...uff! espero no morirme antes de leer el final...o el principio? :S
Me ha encantado, un placer leerte
un besito
pero por favor!!!!.. faltó aquí un continuara.. mejor aún porque entre a tu espacio por primera vez y me recibis con suspenso.. me gusto mucho tu lugar por lo cual voy a venir seguido para ver este continuará...
besos intrigados
me lo lei de un tiron... a los tres post, firmo en este, para ser un poco ordenada no mas ;)
es verdad que cuando conocemos a alguien nos ponemos ciertamente ansiosos, y preocupados por cosas tontas por decirlo de alguna manera (me he reconocido en esa parte, por que soy super ansiosa)
me quede con mas ganas de esperanza.. y saber como fue el encuentro.. como la mayoria.. habra continuacion?
y por ultimo y cambiando de tema.. me vi en los link ;) GRACIAS!
Gracias por tus comentarios tan alentadores, quizás exageras un poco, jajaj no tengo mucho sentido del arte :P
Saludos Señor Doctor.
:P
Oie...no nos dejes...donde esta la parte 4?
continua o este es el finp'..
tenia algun significado esa pesadilla?...o solo fue eso...una pesadilla que hace valorar mas el que tenemos presente en nuestras vidas?...
un beso
:-)
Hola mi querido amigo. Ya he vuelto de mi paréntesis y vengo ahora solamente a saludarte.
Veo que hay nueva producción y cómo quiero leerla con tranquilidad volveré a leerla. Estoy segura de que me encantará como todo lo que escribes.
Un beso, Disfraz.
Volví. No quería perderme tu lectura.
Hay veces que los sueños y el inconsciente a través de ellos, nos pegan unas malas jugadas y nos levantamos realmente mal.
¿Estás bien, Disfraz? Veo por las fechas que hace tiempo que no publicas.
Un beso.
No es malo soñar pero sí crear personas como nos dicta nuestra imaginación y semejanza... diría que es hasta pecado, porque luego llega la gran decepción.
Un abrazo.
qpeo que mas paso ya no la terminas que pasa ya dale amigo ya es hora de terminar la historia no nos hagas esperar..besitos.nancy
EXIJO la continuacion de esta historia!!
Publicar un comentario
<< Home